Ustedes han adquirido habitaciones de su propiedad en la casa de la que hasta la fecha sólo eran dueños los hombres. Ustedes pueden, aunque no sin mucho trabajo y esfuerzo, pagar el alquiler. Ganan sus quinientas libras al año. Pero esta libertad es solo el principio; la habitación es suya, pero todavía está vacía. Debe ser amueblada, debe ser decorada, debe ser compartida. ¿Cómo la piensa amueblar, cómo la piensa decorar? ¿Con quién la piensa compartir y cuales serán las condiciones? Creo que éstas son preguntas de la mayor importancia e interés. Por primera vez en la historia, ustedes pueden formularlas, por primera vez pueden decidir por ustedes mismas cuáles deberían ser las respuestas.

Virginia Woolf, <<Profesiones para mujeres>>, 1931